LA CONTEMPLACIÓN DE LA VIDA ESPIRITUAL DESDE LA PRAXIS DE LOS RETIROS ESPIRITUALES.

RETIRO ANUAL DEL CLERO CASTRENSE EN EL ESTADO TÁCHIRA 2020.

Contemplar la vida espiritual desde la praxis y la vivencia es un oasis en medio del quehacer diario. Un sacerdote debe ser en primer lugar un hombre de oración, un hombre que ha sido llamado por Dios a la santidad, no es un hombre distinto a los demás, sino un hombre igual que los demás, pero este ha querido consagrarse en un todo a Dios. Las debilidades humanas lo pueden abrumar o consumirlo, pero el secreto es la oración y el apartarse en el silencio a reflexionar del cómo esta llevando su vida, cómo es su oración, de qué modo se está relacionado con su feligresía, la manera cómo está celebrando los sacramentos, la intimidad espiritual para con Dios, y así poder orientar de un mejor modo aquello por lo que fueron llamados para servir cuando se les impuso las manos por medio de nuestros pastores.  

Si nos remitimos a las Sagradas Escrituras, podemos constatar un gran numero de hombres y mujeres que firmemente oraban al Señor, hombres como los Patriarcas (Gén. 18, 16-33), el mismo Moisés (Dt. 9, 25-27), los Profeta (1Re 17,17-24), Rut (Rut 1,16-17), Ana (2,1-10) o porque no el mismísimo Jesús (Mt. 11,25-30). Esta no es una mera costumbre, sino que es un momento pleno en el que el hombre eleva sus ojos al cielo y da gracias al Omnipotente por tantas bondades que derrama sobre la humanidad y en particular en aquel hombre que vocaliza, pero también siente en su alma y corazón la inquietud de querer expresar desde la humildad una oración al Señor.

Las primeras comunidades cristianas, al nacer la Iglesia se reunían de modo oculto, por miedo a las persecuciones. Siempre hubo momentos para orar y agradecer a Dios. Por eso el retirarse a lugares tranquilos, donde los ruidos del mundo no sean un obstáculo, sino que estos sitios sean un bálsamo para poder conectarse con Aquel que nos ha regalado la vida, ha impresionado a muchos, ya que en el silencio es donde Él nos habla, pero también interpela al hombre sobre su quehacer, es la mirada del seguimiento, la que hizo Jesús sobre Leví (Mt. 9, 9-13).

Después de dos mil años, la oración es una constante, ya que ha sido una herencia dada al hombre a través de los Apóstoles, y es una herencia que se debe trasmitir, ya que no es de alguien, sino que es de todo el mundo, dada por su Creador a la creación (cf. Mt. 6, 9-15; Lc. 11, 1-4; Mc. 11, 24-25).

Por eso, la Iglesia como Madre y Maestra nos enseña su valor, porque es un valor espiritual que alivia a los de corazón duro, libera y sana a quienes se encuentran enfermos, que fortalece a los débiles, pero que también nos conduce hacia las fuentes tranquilas, hacia los caminos de paz. La oración nos lleva a Jesús. San Juan Crisóstomo nos enseña en una de sus homilías que: “La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible”.

Asimismo, la oración juega un papel neurálgico en los Retiros Espirituales. Cada año, en las distintas diócesis los obispos convocan a su clero, ya que los sacerdotes tienen la obligación canónica, pero también moral de participar de estos momentos espirituales los cuales son necesarios. En el canon 276 §1 del Código de Derecho Canónico dice: “Los clérigos en su propia conducta, están obligados a buscar la santidad por una razón peculiar, ya que, consagrados a Dios por un nuevo título en la recepción del orden, son administradores de los misterios del Señor en servicio de su pueblo”.  Por eso también la Congregación para el Clero en el Directorio para el Ministerio y Vida de los Presbítero en el N° 39 recomienda: “Es necesario que el sacerdote organice su vida de oración de modo que incluya los ratos prolongados de silencio y de diálogo sobre todo en ejercicios y retiros espirituales periódicos”. En palabras sencillas, los Encuentros en los Retiros Espirituales son necesarios para fomentar la santidad en el sacerdote y para que reflexione en torno a su vida espiritual y humana.

Por eso, El Ordinariato Militar de Venezuela u Obispado Castrense, reunidos desde el lunes 09 al 12 de marzo de 2020, en comunión con Mons. Benito Adán Méndez Bracamonte como cabeza visible de esta grey, y con mas de 60 sacerdotes, Capellanes Militares venidos de distintas partes de la Geografía Nacional hasta el Estado Táchira, específicamente en Patiecitos, en la Casa de Retiros: “El Sembrador”, perteneciente a las Hermanas Siervas de Jesús. Este Retiro anual se dio en un clima de oración, y se enmarcó en el Año de Preparación Jubilar a los 25 años de la Creación del Ordinariato Militar de Venezuela. Por eso en este tiempo de Cuaresma, tiempo de gracia y de oración, es una oportunidad que nos otorga Dios para reflexionar sobre la oración y vivencia del Ministerio Sacerdotal. Ese fue el trasfondo del Retiro Espiritual, dictado por el mismo Obispo Castrense a su Clero. Él como padre y pastor se dirigió en distintos momentos en el que comenta al Clero que muchas veces el sacerdote confundía expectativas con esperanzas, y uno de los grandes males que acecha al Clero son los problemas con el obispo o la jerarquía, asimismo los problemas entre nosotros como sacerdote, por eso invita a allanar los caminos hacia la santidad. Entre los muchos temas dados, hace que se interpelen y se pregunten con enunciados bastantes interesantes que vale la pena aprender y reflexionar: “Dime como rezas, te diré como vives; y Dime como vives, y te diré como rezas”.

Estos días fueron momentos para el descanso físico, para meditar profundamente y orar, pero también para compartir y fomentar la fraternidad. El Obispado Castrense tiene la particularidad que los Capellanes Militares están diseminados por todo el país, y solo en estos momentos es que pueden verse, además de recordar momentos agradables y de rezar la Liturgia de las Horas, y celebrar la Eucaristía como centro y culmen de la vida del cristiano.

Durante la estadía en la casa de retiros “El sembrador”, desde este lugar el día martes 10 de marzo se organizó para salir fuera de las instalaciones de esta casa, ya que las distancias eran muy cortas, y llegar hasta la Basílica “Nuestra Señora de la Consolación de Táriba” no era una odisea. Allí en esta Basílica, todos los Capellanes junto con Mons. Benito Adán Méndez Bracamonte, y el pueblo congregado se realizó una misa muy sentida. Se realizo a las 5:30 pm, donde se pidió a Dios por nuestra Patria, Por el Ordinariato Militar, y sus Capellanes. Asimismo, se recordó y se oró a Dios por el eterno descanso del Segundo Obispo del Ordinariato Militar de Venezuela, Mons. José Hernán Sánchez Porras, quien era muy devoto de Nuestra Señora de la Consolación de Táriba. Allí en este lugar reposan sus restos, y como un homenaje la presencia del Clero Castrense en este lugar sagrado, donde se realizó un responso cantado de modo solemne y se procedió a elevar plegarias por su descanso eterno.

El día 11 de marzo, después una jornada intensa de reflexión acudimos al Seminario “Santo Tomas de Aquino”, reservorio espiritual de la Formación a la vida sacerdotal del pueblo tachirense. Allí en una de sus capillas hubo una de las meditaciones dadas por el Obispo Castrense, luego de una merienda bastante enriquecida y dada con amor y sentido de servicio por el grupo de jóvenes que estaban apoyando logísticamente el Retiro Espiritual como “servidores”.  

Allí en el Seminario, en esa infraestructura de gran envergadura en la que se han formado muchos sacerdotes que han nutrido a la Iglesia venezolana a lo largo de los años, y que aun siguen formado con amor, desprendimiento y con sentido de pertenencia a la Iglesia. Allí se veían a los jóvenes que estudian en el Seminario menor, los cuales con sus preguntas recurrentes y llena de inocencia curioseaban a los sacerdotes quiénes eran, de dónde venían. Por eso al final de la celebración eucarística, antes de la Bendición final, el Obispo Castrense dio una pequeña acotación sobre lo que es la Misión y Visión del Ordinariato Militar, la fecha de su erección, e incluso un bosquejo histórico de esta Institución eclesiástica para que ellos conocieran en sí la Misión y perfil de un Capellán Militar.

Las autoridades de la Basílica “Nuestra Señora de la Consolación de Táriba”, como las mismas autoridades del Seminario “Santo Tomas de Aquino” fueron muy receptivas, y cordiales en las visitas a estos lugares que son patrimonio histórico de la Iglesia, y reservorios espirituales.

Además, durante la estadía en la casa de retiros, las distintas autoridades militares y policiales de la zona, se acercaban a saludar al Obispo y compartir algunos minutos para con él, y el grupo de capellanes como aquellos hombres que se encuentran en las distintas Unidades Militares como hombres de fe, como aquellos de quienes reciben la Palabra de Dios, y acompañan a los hombres de uniformes en este caminar en su vida sacramental.

Cada momento vivido durante estos días fue provechoso, ya que no hay desperdicios en nada, porque el crecimiento espiritual fue notable en el compartir de los sacramentos, en querer experimentar el Sacramento de la Reconciliación entre los hermanos, quererlos impartir y en hacerlos vida. Aunque fueron momentos agradables y hermosos durante esos días, ya se debía volver a los quehaceres, retornar a sus lugares de trabajo, cada uno de los sacerdotes se hacía participes de las palabras de Pedro en el Tabor, allá cuando Jesús se Transfiguró delante de Pedro, Santiago y Juan: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí!” (cf. Mt. 17,4). Los sacerdotes estaban así, pero había que bajar, hay que continuar en el seguimiento del Señor desde la pastoral y la evangelización a la Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela, ya que Él mismo nos dice acercándose y tocando cada una de nuestras vidas: “Levántense y no teman”. (cf. Mt. 17,8).

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